
Cuando uno se mira demasiado rato al espejo (a veces quince segundos ya sobran) parece que la cara que se contempla no es la de uno mismo, sino un extraño que imita tus gestos. Partiendo de esa sensación bastante usual he llegado a esta escena. A ver que opináis.
Aprovecho para agradeceros a todos los que os habéis acercado a la exposición el esfuerzo y el interés. Ya no quiero decir los que me habéis dejado un comentario, que merecéis mi admiración, porque, lo confieso, me cuesta horrores escribir en los blogs de los demás.